El parque y sus batallas

¡Ayer salió el sol! ¡Por fin podíamos salir de casa! Emocionados nos fuimos al parque, “a ver si desfoga toda la energía y podemos dormir del tirón” pensé mientras tiraba de su triciclo y contemplaba su cara sonriente.

Todo el mundo debió pensar lo mismo, porque aunque es habitual que el parque de al lado de casa esté lleno, ayer creo que superábamos el aforo máximo.

Bru traía su cubo y su pala, pues el rincón que más le gusta del parque es el arenero. Así que allá fuimos. Curiosamente, estaba bastante vacío. “¡Si te manchas de arena nos vamos a casa!” escuché a lo lejos. ¡Ajaaam! ¡He aquí la razón! Los que podían entraban, ¡algunos incluso podían hacerlo descalzos! Los que no, se quedaban al filo mirando cómo los demás se divertían, pero claro… no querían irse a casa. Yo me senté en el bordillo mientras observaba el resto del parque.

Y entonces fue cuando me sorprendí. El parque ya no es lo que era. Se ha convertido en el campo de batalla de padres, en el escenario perfecto para demostrar lo bien que lo hacemos, lo educados que los tenemos, lo obedientes que son. Es el lugar ideal para ponerle a nuestros hijos las zapatillas de super moda. ¡Pero cuidado! No pueden mancharse de arena…

Así que mientras proveía a mi hijo de hierbas y flores para que adornara sus torreones de arena, pude ver cual es el verdadero problema: la sobreprotección.

Los pocos niños que estaban manchándose, nos tenían cerca de ellos. Yo incluida. Cierto es que al menos estaba sentada, porque hay quien se queda de pié para poder tener una buena perspectiva de todos los problemas que acechan a su criatura: el balón con el que juegan los de atrás, el que juega con el agua en la arena, el que quiere quitarle su pala… y de esta forma anticiparse a cualquier tipo de peligro y mantenerlo vivo y a salvo.

juguetes

Una de las niñas corrió a su madre: “Quiero la pala azul

“No es tuya hija” respondió la madre.

¡Quiero la azul!” Empezó a gritar de nuevo.

¿Qué creéis que pasó a continuación? La madre se metió en el arenero, se agachó y habló con el dueño de la pala azul. El niño no debía llegar al año, así que su madre respondió por él. “Claro, cógela, hay que compartir”. Ya podéis imaginar que el chiquillo empezó a berrear como si no hubiera mañana. Una señora mayor, con el consentimiento de su madre pero sin su beneplácito, le había robado la pala.


Así también pude fijarme en el abuelo que se fue casi avergonzado porque su nieto, en un momento de despiste, se resbaló del bordillo y cayó de espaldas.

A la cuidadora que a las 19.30 h de la tarde seguía en el parque, porque supongo que los padres no pueden disfrutar de unos horarios más conciliadores.

Al padre que mira mal cuando tu hijo coge un juguete del otro sin permiso y tú no haces nada…

Al niño que lleva a un conejo al parque y lo tira por el tobogán. Señores, comprarle un peluche, ¡pobre animal!

Aunque también había otro tipo de padres, lo confieso. Pero fue gracias a ellos que me di cuenta de que algo estamos haciendo mal. Y seguro que es por querer hacerlo todo bien.

Me dio la sensación que solo enseñamos a obedecer órdenes, que no podemos verles apañárselas por ellos mismos para conseguir lo que quieren, o aún peor, que debemos conseguirle todo lo que deseen. Parece que es malo que descubran lo que pasa al mezclar el agua con la arena, porque entonces se mancharan ellos, mancharan el coche y ¿mancharan la bañera?

Hoy volveremos al parque, ¡tranquilos vecinos del barrio!, prometo no fijarme en nada 😉

 

 

 


6 thoughts on “El parque y sus batallas

  1. Genial entrada! Tienes mucha razón, por tratar de hacerlo tan bien, terminamos haciendo cosas sin sentido…espero no convertirme en eso que critico, pero quien sabe, cuando eres padre / madre parece que mutas ! jajajaja Un abrazo!

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  2. Lo de los parques hay veces que me cuesta mucho… Lo que más es explicar a mi Peque que para tirarse por el tobogán, tiene que esperar una fila, que tiene que subir por la escalera, que los otros niños también lo están utilizando, etc. Lo de mancharse no lo llevo mal, desde que he aprendido a mancharme yo también 😉

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    1. Eso tampoco lo entiende muy bien el mio!!! El pobre se piensa que el parque es suyo y desde que entra va gritando mio, mio! 😂😂 poco a poco aprenderan las reglas.
      Y lo de mancharse es genial!! A mi me encanta volver a casa con tierra en los zapatos, señal de que hemos difrutado!!
      Un abrazo y gracias por pasarte por aqui!

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