Hablando con Ornela Mateu

¡Buenos días!

Después de unos días de descanso ¡empezamos la semana con mucha fuerza! Lo hacemos estrenando una nueva sección “Hablando con“, en la que diferentes expertos colaboran con el blog y nos hablan de temas relacionados con los más peques de la casa.

Hoy lo inauguramos con Ornela Mateu, y lo primero que me gustaría es agradecer su amabilidad, disponibilidad y profesionalidad abordando el tema de hoy: “Inteligencia emocional en la familia”.

Ornela Mateu 2Ornela es Psicóloga con Máster Oficial en Terapia psicológica infantil y adolescente. Completa su formación realizando el Doctorado en Psicología de la Salud con un estudio sobre “Inteligencia Emocional y su relación con la integración social en niños”. Es autora de varios artículos científicos en revistas internacionales de Psicología, entre los que destacan: “Eficacia de un programa cognitivo-conductual breve del rechazo social en niños”; “Aceptación/Rechazo social infantil: relación con problemas emocionales e inteligencia emocional”, y colabora como revisora en revistas científicas de investigación. Actualmente colabora en: Aupsi de Alicante, Clínica Vita Nova de Elche, Serendipia de Elche, Clínica de Fisioterapia Antonio Reverte de Elche, Proyecto: Charlas Arte, Lenguaje y Emoción organizado por Bilderwelten NP Photography, y es Co-directora del Centro Allum de Elche. Además, ¡podéis leerle en su blog!

Hechas las presentaciones, os dejo con la entrevista ¡espero que la disfrutéis y os animéis a aplicar la Inteligencia Emocional en casa! 🙂

  • ¿En qué consiste la inteligencia emocional?

Ser inteligente emocionalmente no sólo es saber qué emociones existen, y asociarlas a una cara, o a una situación, sino que, como afirma Goleman, psicólogo, la inteligencia emocional es una capacidad que pretende poner de acuerdo la cabeza y el corazón, es decir, el cerebro y las emociones.

Esta habilidad nos permite gestionar bien nuestras emociones, comprenderlas, seleccionarlas y trabajarlas en nosotros mismos y en los demás, de forma que generen resultados positivos para todos.

  • ¿Cómo podemos aplicarla al ámbito familiar?

La familia es uno de los principales ámbitos de aprendizaje, desde el hogar podemos enseñar a los niños a identificar y expresar sus emociones, a reír, a llorar, a tener una imagen realista de ellos mismos, a proponerse objetivos y esforzarse por alcanzarlos, a empatizar con los demás, a ser flexibles mentalmente, a comunicarse y resolver los conflictos de forma asertiva, a ser autónomos, a tolerar el estrés y ser optimistas.

Estas habilidades, al igual que otras, también pueden ser desarrolladas por medio de la experiencia cotidiana. En este proceso, la imitación cumple un papel fundamental. Desde la familia podemos procurar ofrecer un buen modelo a través de lo que decimos, pero sobretodo, de lo que hacemos, por ello, es necesaria la educación emocional en la familia y en la escuela.

  • ¿Cuáles son las primeras emociones que experimentan los niños? ¿Cómo podemos ayudarles a identificarlas?

Las emociones son un estado afectivo que experimentan todas las personas desde su nacimiento, es un mecanismo adaptativo que consiste en reacciones subjetivas a las circunstancias del entorno.

Hay estudios que muestran la existencia de emociones que son innatas (también conocidas como primarias), y que juegan un papel fundamental en la supervivencia del ser humano. Por esto, los bebés experimentan las emociones básicas, como la alegría, el asco, la sorpresa, el miedo, la tristeza y la ira. A medida que avanza su desarrollo emocional, los niños adquieren emociones secundarias, como por ejemplo con el aburrimiento, la satisfacción, la culpa, los celos, el amor, la vergüenza…

Para ayudarles en este camino, el primer paso consiste en identificar las emociones, para ello podemos utilizar material visual como fotografías de rostros o dibujos, y preguntarles: ¿Qué le pasa a este niño? ¿Cómo se siente? ¿Está triste? ¿Por qué crees tú que está triste?

A partir de los 5 años sería adecuado que los niños supieran asociar la emoción a una situación habitual, por ejemplo “estoy enfadado porque no me has llevado al parque”, “tengo miedo de que apagues la luz porque me dejas solo”.

  • ¿De qué forma influyen en su conducta?

Las personas necesitamos dar sentido a lo que ocurre a nuestro alrededor, queremos sentirnos seguros en un ambiente conocido, por ello ante cualquier situación, rápidamente ofrecemos una explicación en forma de pensamiento, lo que produce una serie de cambios en nuestro organismo que nos preparan para responder, y ahí es cuando la emoción nos dirige a actuar en consecuencia.

Muchas veces este proceso es automático y casi imperceptible, por ello, es necesario hacer conciencia de la manera en que interpretamos la realidad (nuestros pensamientos), que determinan cómo nos sentimos (nuestros estados emocionales), y en consecuencia, cómo nos comportamos en nuestro día a día.

  • ¿Cómo crear un ambiente familiar que promueva la expresión y comunicación de sentimientos?

Los niños necesitan una actitud coherente por parte de los padres y también normas y reglas desde muy pequeños. Transmitir seguridad, bienestar y apoyo se puede lograr intentando definir espacios y tiempos desde el principio, tanto para los hijos como para los padres.

Es recomendable establecer momentos de diálogo libres de interrupciones, sin móvil, sin televisión, sin hacer otra actividad mientras, y así facilitar a nuestros hijos la confianza y el entorno apropiados para que comuniquen aquello que sienten, que les preocupa, que les hace infelices y felices.

También podemos introducir en las conversaciones cotidianas preguntas que promueven la reflexión y potencian la empatía, como por ejemplo ¿cómo crees que se siente el primo después de lo que ha pasado?, ¿por qué crees que está llorando tu hermana?, ¿crees que papá está hoy contento?

  • ¿Cómo influye nuestro autoconocimiento en la forma en la que educamos a nuestros hijos?

Podemos enseñar a un niño a conocer las emociones mediante recursos educativos. Pero si queremos educar emocionalmente a un niño, es necesario que los educadores, ya sean padres o profesores, cuenten con la suficiente información y formación como para ser capaces de regular y controlar sus estados emocionales y facilitar que los niños los aprendan y desarrollen.

Como afirma Quino, creador de Mafalda, “es más fácil enseñar que educar, porque para enseñar solo tienes que saber, pero para educar, hace falta SER”.

  • ¿Cómo poner límites aplicando la inteligencia emocional?

Poner límites no significa negar las capacidades de nuestro hijo, sino ofrecerle un camino claro, seguro y firme. Es importante no dar por hecho que un niño conoce los límites si no se lo hemos explicado previamente.

Cuando un niño tiene un comportamiento “inadecuado” en realidad está teniendo un comportamiento “adecuado” evolutivamente hablando, ya que ese comportamiento supone una oportunidad de aprendizaje. Los padres facilitan ese aprendizaje informándole de lo que tiene y no tiene que hacer, y explicándole el por qué desde la calma y el afecto, esto les dará mayor control de sí mismos.

Si queremos que los niños aprendan a controlar la ira, a expresar su enfado de una forma adecuada socialmente, es importante establecer límites claros desde que nacen. Tienen que saber que no está permitido que golpeen a sus padres o hermanos o que griten enfurecidos cuando no se satisfacen sus deseos. Los niños entienden mucho más de lo que expresan, de ahí la necesidad de razonarles y de controlar esas rabietas o ataques de rabia.

  • ¿Cómo podemos comprender mejor a nuestros hijos?

Lo primero que tenemos que comprender es que todas las emociones son válidas. No existen emociones “buenas” o “malas”, de hecho, más bien todas son necesarias. Las emociones son energía y la única energía que es negativa es la energía estancada. Por ello, es necesario expresar todas las emociones, ya que, si se quedan retenidas, pueden crecer y desencadenar problemas mayores.

Para comprender mejor a nuestros hijos, es importante prestarles atención, esto implica escucharles con todos nuestros sentidos, y hacer un esfuerzo por tratar de entenderles, sin juzgar. Puede que para nosotros una situación del día a día no resulte un problema, pero desde nuestro tejado, las cosas se ven desde una perspectiva que está influida por nuestras experiencias de vida, y nos facilita encontrar soluciones eficaces con mayor rapidez.

No podemos anticipar aprendizajes en nuestros hijos para los cuales, tal vez aún no tengan la suficiente maduración, pero sí podemos servir de guías, para que los aprendizajes vengan de ellos mismos, como dice el refrán, “nadie escarmienta en cabeza ajena”.

  • Conforme van creciendo, van apareciendo los conflictos y situaciones difíciles ¿cómo afrontarlas?

Imaginemos una situación cotidiana en la que un niño al llegar del colegio nos cuenta que un compañero le ha empujado. Una tendencia habitual es preguntarle cómo ha pasado, y qué ha hecho él después de que le empujaran, incluso en ocasiones se le da una solución por si el problema vuelve a repetirse: “la próxima vez que te empuje, le empujas tú, pero más fuerte”.

¿Crees que en esta situación el niño se sentirá comprendido? Ahora supón que en vez de preguntarle ¿qué has hecho tú?, le preguntamos, ¿qué has pensado cuando te ha empujado? ¿cómo te has sentido?, en este momento estamos conectando con un plano más profundo, con el mundo emocional del niño, podemos saber cómo se ha sentido, y demostrarle que entendemos que se haya sentido así por lo que ha pasado. Y como recomendación final, en vez de ofrecerle una solución, plantéale una pregunta que le dirija hacia una solución, por ejemplo ¿qué podrías haber hecho para sentirte mejor?

  • ¿Qué libros y juegos puedes recomendarnos para poner en práctica en casa el manejo de las emociones?

Cada vez existen más recursos que facilitan el desarrollo de competencias emocionales, algunos de los más conocidos son:

  • La película “Inside Out” (del revés), producida por Pixar Animation Studios y distribuida por Walt Disney Pictures.
  • Cortometrajes de animación: “El Puente” (Bridge) del creador Ting Chian Tey
  • Libros: “El monstruo de colores” y “El diario de las emociones”, de Anna Llenas.
  • Aplicaciones: “Gomins Puzzle” Juego-app dirigido a niños de 4 a 11 años, que trata de un viaje espacial en el que, se evalúan aspectos relacionados con la inteligencia emocional y social de una forma divertida.
  • Juegos de mesa: “El bingo de las emociones” distribuido por TEA Ediciones.
  • Muñecos: los Monstruos come miedos “Los Sorgenfresser”.

Pero lo más recomendable es elaborar material artesanal en familia, como por ejemplo “el frasco de la calma”, “la cajita de las buenas noticias”, “la caja de herramientas” o  “el rincón de las emociones”.

Una vez más, ¡mil gracias Ornela! ¡Esperamos poder leerte de nuevo por aquí muy pronto!


5 thoughts on “Hablando con Ornela Mateu

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